La próxima vez que atienda a un paciente…

Una experiencia que no se aprende en los libros…

Carlos Giavay Waiss

5 min read

a group of people sitting around a table
a group of people sitting around a table

Vivir lo que antes solo se estudiaba.

El estudiante no solo rota por hospitales. Vive con una familia local. Comparte sus comidas, sus horarios, sus costumbres, habla en otro idioma. Se integra a un equipo médico o de enfermeros que trabaja con otra lógica, otros recursos, otra cultura.

Y de pronto, todo lo que antes era teoría se vuelve real.

- La diferencia cultural ya no es un concepto de un seminario: es el nudo en el estómago al no saber si estás haciendo algo mal.

- La barrera del idioma ya no es un ejemplo en una clase: es la sensación de tener algo importante que decir y no encontrar las palabras.

- La necesidad de pedir ayuda ya no es algo que les pasa a otros: es reconocer que no puedes solo.

El estudiante comienza a experimentar, aunque sea por unas semanas, lo que significa ser extranjero.

No entender todas las conversaciones. No captar los chistes o modismos. No saber cómo se hace un trámite simple o compra en un supermercado. Depender de la paciencia de los demás para orientarse, para explicarse, para sentirse incluido.

Y esa experiencia, aunque incómoda, es una de las lecciones más valiosas que puede llevarse un futuro médico.

Porque muchos de sus pacientes en un futuro también pueden ser extranjeros. También tendrán miedo. También necesitarán que alguien les explique con calma y paciencia, que les repita las indicaciones, que les pregunte cómo se sienten realmente.

El impacto que buscamos

Por eso, cuando evaluamos el impacto de un programa, no medimos solo los hospitales que visitaron los estudiantes o las horas que pasaron en las rotaciones.

Medimos algo más difícil de cuantificar, pero mucho más importante:

Si cambió su manera de mirar al paciente.

Creemos que hemos cumplido nuestro objetivo cuando un estudiante regresa con una nueva sensibilidad. Cuando entiende que una buena relación médico-paciente comienza con un interés genuino. Cuando descubre que escuchar requiere tiempo, que preguntar por la familia no es un trámite, y que la paciencia también es una herramienta médica.

Y, sobre todo, cuando se puede decir con convicción, como tantos estudiantes lo expresan al finalizar su experiencia:

"La próxima vez que atienda a un paciente que no habla mi idioma, o que viene de otra cultura, voy a tener más paciencia. Voy a involucrarme más. Voy a preguntarle cómo está, cómo se siente y cómo está su familia."

Ese es el verdadero resultado.

- No solo un estudiante que conoció otro país.

- No solo un estudiante que conoció otro sistema de salud.

- Sino un futuro médico que regresó diferente.

Porque quizás la mayor enseñanza de un intercambio médico cultural como este no sea aprender cómo funciona otro sistema sanitario.

Sea algo mucho más profundo:

Aprender lo que significa estar en el lugar del otro.

Y cuando un médico aprende eso, cambia para siempre la manera en que puede cuidar a sus pacientes.

Cuando un estudiante de medicina viaja a otro país para hacer una rotación hospitalaria, no va solo a conocer otro hospital. No va únicamente a comparar sistemas de salud o a ver cómo se practica la medicina en otra parte del mundo.

Va, sobre todo, a que algo cambie dentro de él o ella.

Ese es el verdadero propósito de una experiencia internacional: que el estudiante regrese a su casa viendo al paciente de una manera distinta. Que lo que aprenda allá no se quede en un recuerdo de viaje, sino que se convierta en una herramienta para cuidar mejor a sus futuros pacientes

Cuando el observador se convierte en paciente

Pero hay una vivencia que puede hacer que todo esto se profundice aún más.

Imagina que durante su estadía, tienes dolor de garganta. No es grave, pero lo suficiente como para tener que ir a un hospital. De repente, ya no es el joven que toma notas al lado de la cama. Ahora es él quien está acostado, esperando que alguien lo examine.

Ahora es él quien tiene que explicar qué le duele, en un idioma que no domina del todo.

Es él quien debe confiar en médicos que no conoce, en un sistema que no termina de entender. Y mientras siente dolor o incertidumbre, descubre algo que ningún libro puede enseñar:

Qué se siente cuando necesitas que alguien tenga paciencia contigo

Conocer al paciente, no solo a la enfermedad.

Uno de los cambios más profundos que notamos en los estudiantes es cómo empiezan a valorar el tiempo y la paciencia en la relación con el paciente.

Comprenden que atender a una persona no es solo registrar sus síntomas o confirmar un diagnóstico. Es también preguntar:

- ¿Cómo está hoy?

- ¿Cómo se siente realmente?

- ¿Cómo está su familia?

Son preguntas sencillas, casi obvias. Pero detrás de ellas hay una forma distinta de entender la medicina.

Porque la enfermedad no ocurre en el vacío. Ocurre en una persona que tiene una historia, preocupaciones, vínculos, responsabilidades. Llega al consultorio con su cuerpo, pero también con su vida entera a cuestas.

Cuando el médico se toma el tiempo para conocer esa vida, puede comprender mejor el dolor, el miedo o la resistencia del paciente. Y cuando comprende mejor al paciente, puede ofrecer una atención más humana.

El verdadero aprendizaje comienza al regresar

Lo más interesante de esta experiencia no siempre sucede mientras el estudiante está en Argentina.

Sucede cuando vuelve a su país.

Cuando retoma su vida cotidiana, pero ya no es el mismo. Algo cambió. Ahora sabe lo que es no entender el idioma. Sabe lo que es depender de la buena voluntad de otros. Sabe lo que es necesitar paciencia.

Y un día, ya como médico, se encontrará frente a un paciente que habla español, o que viene de otra cultura, o que llegó hace poco a su país. Tal vez ese paciente tenga dificultades para expresarse. Tal vez tenga miedo. Tal vez necesite más tiempo para explicar lo que siente. Tal vez llegue acompañado por un familiar que traduce.

Entonces el médico recordará su propia experiencia y podrá decirse a sí mismo:

"Yo estuve allí."

"Yo también fui extranjero."

"Yo también necesité que alguien tuviera paciencia conmigo."

Y esa memoria no será un simple recuerdo. Será una brújula.

an open book with a stethoscope on top of it
an open book with a stethoscope on top of it
a man helping a woman get ready for a wedding
a man helping a woman get ready for a wedding
A doctor in a white coat talking to a patient in a hospital bed
A doctor in a white coat talking to a patient in a hospital bed
a person writing on a piece of paper with a stethoscope
a person writing on a piece of paper with a stethoscope
woman in blue scrub suit standing beside woman in white robe
woman in blue scrub suit standing beside woman in white robe
Carlos Giavay Waiss